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martes, 8 de septiembre de 2020

El final del verano

 

 El final del verano, con su punto de nostalgia, 

nos trae la luz suave, los colores tierra,

las mañanas frías y las chaquetas ligeras.

 

Las hojas secas lo cubren todo.

Época de recolecta. 

De llenar nuestra cocina de moras, 

manzanas, avellanas, nueces y calabazas.

Prepararnos para el invierno y esperar,

con anhelo, los largos días de verano.

 

 



 

¡Hasta pronto!


jueves, 11 de enero de 2018

La belleza del invierno

Bienvenidos de nuevo!
Éste es el primer post del año. Estoy volviendo a la normalidad poco a poco, después de mi escapada a Segovia y del temporal de frío y nieve que hemos vivido estos días, me ha parecido apropiado empezar el año hablando del invierno.


Recuerdo que antes lo odiaba. Odiaba su frío, su dureza, sus días grises y su duración. Pero ahora, que he entendido que necesitamos la quietud del invierno tanto como la alegría del verano, que somos estacionales y que tenemos que fluir con el ciclo de la vida, veo el invierno con ojos más bondadosos.

La luz del invierno es especial. Los días se tiñen de una paleta de colores muy limitada, a veces monocromática. El invierno es blanco, gris y ocre y eso, para los amantes de la fotografía, es un regalo.
Me encanta salir a fotografiar los días con cielo gris, casi blanco, captar esa nostalgia y llevármela a casa. Y los atardeceres... los atardeceres de una tarde despejada de invierno son espectaculares.
Disfrutar de paseos matutinos y gélidos con mis bufanda, mi gorro y mis guantes; y respirar esa quietud y esa belleza especial que tiene esta estación.

Me encanta levantarme por la mañana y con una taza humeante de café asomarme a la ventana para ver que todo está blanco y bonito. El invierno me da paz y me invita a reconciliarme conmigo misma, a escucharme más, a mirar hacia dentro.

Para mí, el invierno es lentitud, introspección y recogimiento. Es estar debajo de una manta cálida a la luz de las velas escuchando jazz o leyendo. El invierno para mí es refugio.



¡Hasta pronto!




martes, 7 de noviembre de 2017

Hablemos del otoño


El temido pánico a la hoja en blanco ya ha llegado. Hoy vuelvo a enfrentarme a él y lo hago con ilusión. Hace mucho tiempo que no escribo en un blog. Mucho. Lo dejé porque en aquel momento el hecho de escribir con cierta frecuencia me exigía una energía y un tiempo del que no disponía para hacer las cosas como a mí me gusta hacerlas: bien. Dejé de disfrutar de él y, en un acto de honestidad, decidí que era el momento de dejarlo, por lo menos por algún tiempo.

Ahora vuelvo, sin prisas, sin condiciones, sin plazos. Con la necesidad de convertir mi blog en un espacio personal de inspiración donde coleccionar momentos, compartir las cosas que me gustan y me emocionan, y reunir reflexiones sobre un estilo de vida más lento y consciente. Una válvula de escape a este mundo de locos.

Teniendo en cuenta que el otoño es mi estación favorita y que acabamos de entrar en el precioso y nostálgico mes de noviembre, no encuentro mejor manera de arrancar este blog que hablando sobre el otoño.




Melancólico, romántico, dulce y frágil. Así es el otoño.

Su luz bonita supera a cualquier otra luz. Es mágica y hace bello todo lo que toca. Me encanta dar largos paseos durante todo el año pero en otoño estos se vuelven especiales. Me adentro en el bosque y me dejo embrujar por sus colores y me maravilla ver cómo, día a día, van cambiando. El otoño es efímero.
Las cortas tardes dedicadas a buscar setas mientras los últimos rayos de sol se cuelan entre los árboles y te quedas hipnotizada con la delicadeza con la que algunas hojas se secan.
Disfrutar de sus frutos es todo un privilegio. Es época de higos, castañas, granadas, chirimoyas y nueces. Comprar caquis y esperar pacientemente hasta que alcanzan el punto justo de maduración para poder saborear todo su dulzor es todo un ritual para mí.
Sentir en las manos el calor que desprende una taza de café una fría mañana de noviembre.

Para mí el otoño es un largo y tranquilo paseo por el bosque disfrutando de su belleza cambiante o el olor a canela, jengibre y nuez moscada que sale de la cocina mientras horneas un pastel en una tarde de lluvia. El otoño para mí es calidez.