Mostrando entradas con la etiqueta otoño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta otoño. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de septiembre de 2020

El final del verano

 

 El final del verano, con su punto de nostalgia, 

nos trae la luz suave, los colores tierra,

las mañanas frías y las chaquetas ligeras.

 

Las hojas secas lo cubren todo.

Época de recolecta. 

De llenar nuestra cocina de moras, 

manzanas, avellanas, nueces y calabazas.

Prepararnos para el invierno y esperar,

con anhelo, los largos días de verano.

 

 



 

¡Hasta pronto!


martes, 28 de noviembre de 2017

Smoothie otoñal

Ay, qué poquito otoño nos queda! Este año ha sido más efímero de lo habitual, ha tardado en llegar y pronto hará las maletas y nos dejará esperándole, ansiosos, hasta el año que viene.

Pero tranquilos, aún nos queda tiempo para disfrutar de sus maravillosos frutos: granadas, castañas, nueces, chirimoyas y, como no, el caqui, protagonista de la receta de hoy: Smoothie otoñal.


El dulzor del caqui y el plátano mezclado con el toque ácido de las frambuesas consiguen un equilibrio muy sabroso. Yo he usado bebida de arroz y avellanas, pero puedes utilizar la bebida vegetal que más te guste, con leche de almendras seguro que también estará exquisito.




• 1 caqui maduro
• Medio plátano maduro congelado
• 5-6 frambuesas
• 1 cucharada de tahín
• Media cucharadita de vainilla
• 1 cucharada de semillas de cáñamo
• 1 vaso de leche de arroz y avellanas

Colocamos en el vaso de la batidora la bebida vegetal, el caqui, pelado y troceado, el
medio plátano, las frambuesas, el tahín, la vainilla y las semillas de cáñamo.
Batimos todo muy bien hasta conseguir una textura cremosa, si crees que la mezcla
ha quedado demasiado espesa, echa un poco más de bebida vegetal.
Servimos el smoothie en un vaso y a disfrutar!



Espero que lo disfrutéis!






martes, 7 de noviembre de 2017

Hablemos del otoño


El temido pánico a la hoja en blanco ya ha llegado. Hoy vuelvo a enfrentarme a él y lo hago con ilusión. Hace mucho tiempo que no escribo en un blog. Mucho. Lo dejé porque en aquel momento el hecho de escribir con cierta frecuencia me exigía una energía y un tiempo del que no disponía para hacer las cosas como a mí me gusta hacerlas: bien. Dejé de disfrutar de él y, en un acto de honestidad, decidí que era el momento de dejarlo, por lo menos por algún tiempo.

Ahora vuelvo, sin prisas, sin condiciones, sin plazos. Con la necesidad de convertir mi blog en un espacio personal de inspiración donde coleccionar momentos, compartir las cosas que me gustan y me emocionan, y reunir reflexiones sobre un estilo de vida más lento y consciente. Una válvula de escape a este mundo de locos.

Teniendo en cuenta que el otoño es mi estación favorita y que acabamos de entrar en el precioso y nostálgico mes de noviembre, no encuentro mejor manera de arrancar este blog que hablando sobre el otoño.




Melancólico, romántico, dulce y frágil. Así es el otoño.

Su luz bonita supera a cualquier otra luz. Es mágica y hace bello todo lo que toca. Me encanta dar largos paseos durante todo el año pero en otoño estos se vuelven especiales. Me adentro en el bosque y me dejo embrujar por sus colores y me maravilla ver cómo, día a día, van cambiando. El otoño es efímero.
Las cortas tardes dedicadas a buscar setas mientras los últimos rayos de sol se cuelan entre los árboles y te quedas hipnotizada con la delicadeza con la que algunas hojas se secan.
Disfrutar de sus frutos es todo un privilegio. Es época de higos, castañas, granadas, chirimoyas y nueces. Comprar caquis y esperar pacientemente hasta que alcanzan el punto justo de maduración para poder saborear todo su dulzor es todo un ritual para mí.
Sentir en las manos el calor que desprende una taza de café una fría mañana de noviembre.

Para mí el otoño es un largo y tranquilo paseo por el bosque disfrutando de su belleza cambiante o el olor a canela, jengibre y nuez moscada que sale de la cocina mientras horneas un pastel en una tarde de lluvia. El otoño para mí es calidez.